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Nada está lejos, especialmente en la mesa

Desde la primera vez que vine, han cambiado muchas cosas: hace diez años ver a un occidental en Tokyo era raro, hoy hay muchos. Esto quiere decir que Japón está cada vez más cerca de nosotros y nosotros de él.

Tokyo es todavía un espectáculo de luces, colores, sonidos, geometrías; de calles y estaciones llenas de gente, de vagones de metro a toda velocidad, de robótica y de trenes que se mueven a la velocidad de la luz. Pero, sobre todo, lo que más me ha impactado es su combinación de pasado y presente, una especie de colapso temporal. Se pasa de las experiencias sensoriales de última generación, gracias a las miles de pantallas dispersas por toda la ciudad, hasta los momentos en los que la intimidad y el alma se fusionan, como en el Hatsumode, la ceremonia del primer día del año en la que los japoneses se juntan en sus templos más queridos y los frenéticos ritmos de esta ciudad se vuelven lentos. Pero curioseando y buscando en esta rueda de cosas y emociones, he encontrado algo que junta a italianos y japoneses: el amor por la comida, el arte de la convivencia en la mesa, ritos y tradiciones ligadas al hecho de estar juntos.

Algunos amigos me llevan a conocer la ciudad y durante días saboreo y experimento miles de platos típicos: a base de carne, de pollo o de pescado. La oferta es muy amplia y orientarse requiere tiempo y esfuerzo, pero da mucha satisfacción. Y entre las muchas cocinas internacionales no podía faltar, naturalmente, la italiana. Me indican un restaurante, uno entre los más famosos de la ciudad, que se encuentra en el distrito de Komazawa, no muy lejos de la popular Shibuya, con un nombre inconfumdible “Nápoles está aquí”, dirigido por Giuseppe Errichiello, para todos los italianos y napolitanos, Peppe. En “Nápoles está aquí” la elección es muy amplia. En el menú aparecen los grandes clásicos de la cocina napolitana y naturalmente la pizza.

La idea de Peppe cuando abrió el restaurante fue la de dar a conocer lo mejor de la tradición mediterránea y del sabor de su amada Nápoles. Pasta, pizza, pescado, mozzarella, friarielli. La mayor parte de los ingredientes, me comenta, los pide directamente en su ciudad natal. Pero tiene también otros productos, especialmente los vinos, que provienen de otras regiones de Italia. Y el “Gambero Rosso” lo ha premiado por su excelencia culinaria en el mundo durante dos años consecutivos. El último en la edición 2017-2018.

Peppe se ha convertido en un personaje público: aparece en televisión, enseña en las escuelas como se hace la auténtica pizza napolitana y cuenta a su público el secreto de su masa. A través de la embajada italiana ha fundado la Asociación de Pizzeros Napolitanos, proyecto que tiene como objetivo mejorar de cara al público la figura del pizzero y divulgarla por el mundo. Entre los muchos eventos que organiza, destaca el “Nápoles Pizza Village”. Y todos los días en su local se trabaja hasta altas horas de la noche.

En Japón, como nos confirma Peppe, hay una gran pasión por el Made In Italy, junto con esa idea de intentar reproducirlo fielmente. Y Peppe ha sabido hacer de lazo de unión entre la cultura italiana y la japonesa. Para todos un ejemplo de excelencia italiana en todos los aspectos.

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