El mar, el sol y la vida mundana: desde hace más de cincuenta años Capri es el conjunto de todos estos elementos, que remiten a aquella tan amada y anhelada dulce vida felliniana. Su historia y su posición geográfica hacen de Capri uno de los destinos más codiciados del turismo internacional en nuestro país, atrayendo – con sus maravillas – a miles de visitantes cada año.

La Isla de Capri
A pocas millas de la península sorrentina, dentro del golfo de Nápoles, surge la isla de Capri. En el vigésimo primer lugar por tamaño entre las islas italianas, Capri es sin duda uno de los destinos más conocidos y chistes de nuestro país. Situada en una posición estratégica, es frecuentada cada año por miles de visitantes que la ven como uno de los símbolos de la «dolce vita» estival y meta para todos los personajes del jet-set mundial de los años 50 del siglo pasado.

Hoy, Capri sigue siendo uno de los destinos turísticos más codiciados por todos los turistas que no quieren perderse sus maravillas naturales, pero que no desdeñan también un paseo por las románticas calles de la isla, que se despliegan atravesando construcciones típicas, Impresionantes vistas y típica cultura de la campana.

Los orígenes de la isla de Capri
A nivel geológico, parece que Capri fue apegada a la península sorrentina y se separó a lo largo de los siglos, permaneciendo de todos modos bastante cerca de la costa. Precisamente por esto, en efecto, es muy común pasar un día en Capri para todos los que se alojan cerca de Sorrento, dada la facilidad en alcanzarla con aliscafi que parten muy frecuentemente. El tramo de mar que separa a Capri del continente también se conoce como el estrecho de la «Bocca Piccola» debido a su pequeño tamaño.

La isla, rodeada por un mar azul cobalto, es conocida por sus costas irregulares en las que se alternan calas y cuevas con acantilados escarpados. La más famosa, de todas las cuevas naturales, es la Gruta Azul, que toma el nombre del particular color de los reflejos del agua en su interior. Otro elemento representativo de la isla de Capri son los Faraglioni, tres picos rocosos situados al sur de la isla.

La Gruta Azul
Símbolo indiscutible de Capri, la Gruta Azul es una cavidad kárstica que se encuentra en la vertiente noroccidental de la isla. Gracias a la apertura parcialmente sumergida por el mar, la luz exterior se filtra y esto crea el juego de color que la ha hecho famosa en todo el mundo. Los colores rojos, en efecto, son absorbidos por el agua que luego deja pasar sólo las tonalidades de azul.

Otra peculiaridad relacionada con este tipo de refracción de la luz se refiere a la iluminación interior. Para que el antro sea iluminado, en efecto, el mar debe ser movido ya que, moviéndose, el agua lograría reflejar más luz dentro de la cueva misma. Irónicamente, con el mar agitado es muy poco probable llegar a la cueva.
Los Faraglioni
Otro símbolo de Capri, como se ha dicho antes, son los llamados Faraglioni. Estas tres rocas enormes tienen tres nombres diferentes. El primero, el más cercano a la tierra, es el Faraglione di Terra – o Stella -, el segundo es el di Mezzo – o Saetta – y el tercero es el Faraglione di Fuori – o Scopolo.

El término Faraglione parece derivar precisamente del griego faros, es decir, faro. Esto explicaría por qué, en la antigüedad, solíamos encender grandes fuegos en las rocas marinas para indicar el rumbo a los marineros y advertirles del peligro de choque.
El Faraglione di Fuori, el más rocoso de los tres, es conocido por ser el hábitat de la llamada lagarto azul, una especie hecha única por la típica y singular coloración de azul.
La Piazzetta
Si se habla de Capri no se puede hablar de la famosa Piazzetta, el lugar símbolo de la «dulce vida» de la isla y definido por muchos «salón del mundo«, comparada también con la célebre plaza San Marco de Venecia.

La Piazzetta, o piazza Umberto I, es a todos los efectos el centro neurálgico de la vida mundana caprese, hecha de café, bar y heladerías donde cientos de personas cada día hacen la fila para poder sentirse protagonistas, por un día, de aquel jet-conjunto tan admirado y que marcó inexorablemente el aspecto de la isla de Capri.



