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Desde la Roma desaparecida de los artistas de la ‘Dolce vita’, la joya Forlenza. Artesanos joyeros desde 1960

Nací y crecí en la Piazza di Fontanella Borghese, mis tíos vivían en Via Margutta, tuve el privilegio de vivir en la Roma de los artistas. En los años 50 y 60 paseaban por Via Condotti, encontrabas cada día muchos de ellos. Era todo un auténtico fervor, respirabas el arte sentándote en las mesas del Cafè Greco, puede que al lado de De Chirico, como me sucedió casi todas las tardes.

 

Así comienza la historia de Gianfranco Forlenza, fundador de la joyería Forlenza, desde 1969 en el histórico barrio Coppedè, que toma su nombre del arquitecto que lo diseñó. Hoy son sus hijos, Michele e Alessandro, los que cultivan y siguen la misma pasión de su padre la tradición familiar.

Lo que más me ha impresionado de ellos y de sus preciosas realizaciones ha sido la sensibilidad que tienen hacia la belleza. Belleza que más tarde se convierte en arte. Italia, me confiesan, necesita redescubrir su belleza: “somos un pueblo unido, el made in Italy es sinónimo de esa unidad para el mundo entero. Pero el redescubrimiento es un trabajo que tiene que empezar desde cero”, me explica Gianfranco Forlenza. Pero empecemos por el principio.

 

 

 

¿Cómo empezó todo?

En el edificio en el que crecí había un taller de orfebrería, uno de los más importantes de aquella época en Roma, y de vez en cuando me paraba en la puerta. Pero el verdadero estímulo llegó cuando un buen amigo mio me llevó al taller de su padre, también el orfebre, para hacer de aprendiz. Para mi era un mundo nuevo y desconocido, pero me decían que estaba destinado a él. De este taller, pasé a otro que hacía joyas para las tiendas más importantes de Via Frattina. Y fue allí donde empecé a hacer mis primeros trabajos para grandes artistas de la época, como Capo Grossi, Afro, Cannilla. Hasta que, a finales de los años 60, abrí mi taller, justamente donde tengo la joyería, en Via Tagliamento.

 

Qué significa ser un artesano de la orfebrería hoy en día?

Cuando era joven, ser un aprendiz era una cosa normal, había una energía, unas ganas, de crear, de inventar, de vivir el arte. Con el auge de las fábricas, la figura del artesano se ha ido perdiendo poco a poco, hasta casi desaparacer.

 

¿Y qué consejo le da a sus hijos?

Encontrar el camino que les permita ser apreciados, ya que, como le decía, el made in Italy, la calidad italiana, nuestro gusto, la predisposición al arte que hay en nosotros, en nuestro ADN, es algo que fuera de nuestras fronteras buscan y envidian. Deberíamos aprender a apreciarnos más, y a ayudarnos más. El auténtico talento no nace, se hace con ayuda del trabajo. Poder vivir de aquello que realmente nos apasiona, es lo más bonito del mundo.

 

Nosotros en Italian Traditions lo hacemos: tenemos muy presentes a nuestros talentos italianos. Porque hay una Italia de calidad de la que no se habla en el telediario y de la que no se lee en las páginas de los periódicos, pero es todavía un punto fuerte de este país.

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