
El 8 de diciembre, la data oficial para la celebración de este dogma, fue un evento menos hasta el año 1958, cuando el Papa Juan XXIII decidió honrar este día trayendo – personalmente- un cesto de rosas blancas delante de la estatua de la Virgen Marina en la plaza Mignanelli en Roma, al lado de la famosa plaza Spagna. Su insólita aparición pública fue seguida por una plegaria común y por una visita a la basílica de Santa Maria Maggiore – una tradición mantenida por sus discípulos, que constituye aún hoy un gran evento, con miles de participantes. Para la mayoría de los italianos, no obstante, la Immaculata es una ocasión más bien laica. De hecho, se trata de un día para ir en busca del regalo de Navidad perfecto. Esto, sin embargo, no quiere decir que se celebre de cualquier modo, La mayor parte delas familias practican aun un tipo de ritual conectado a las antiguas tradiciones italianas. Sicilia, en particular ha sido siempre el corazón de la celebración de la Inmaculada (al menos des del 1323). En las regiones de interior son más comunes las hogueras, como un eco de las feste dei fauni (lit. Fiesta de los faunos) de la época prerromana; otro ritual más común es el ayuno – aunque si se suele seguir raramente. En realidad, el ayuno parece aplicarse más bien a la carne, pro lo tanto las familias suelen hacer grandes banquetes de comida pero sin carne. Cada región tiene su plato típico para esta ocasión y, como no, la Sicilia gana por goleada con su buccellato, un dulce de pasta quebrada con higos secos, uvas pasas, almendras y corteza de naranja.
