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Adriano Olivetti, la historia del empresario iluminado

Adriano Olivetti, una figura muy conocida en el ambiente nacional y no sólo, fue un empresario, editor, industrial, intelectual, político e innovador del siglo pasado. Conocido sobre todo por la creación de las máquinas de escribir, detrás de Adriano Olivetti se esconde una figura compleja y modernisima. ¡Descubramos juntos alguna curiosidad sobre la vida del famoso empresario!

El nacimiento del mito Olivetti

Adriano Olivetti nace en Ivrea en 1901 por Camillo y Luisa Revel: el padre es un ingeniero electrotécnico con fuerte capacidad que siete años después del nacimiento del hijo funda la empresa Ing C. Olivetti & C, la «Primera fábrica nacional de máquinas de escribir».

Adriano Olivetti desde el principio se encuentra en un contexto de ideas reformistas y liberales: ¿se especializa en ingeniería química industrial en la Politécnica de Turín en 1924 y comienza inmediatamente a trabajar como obrero en la empresa familiar. El año siguiente hace un viaje a los Estados Unidos que lo marca profundamente: de hecho visita varias fábricas entre las cuales el Ford a Highland Park en Detroit.

El joven Olivetti queda particularmente impresionado por la organización de la empresa basada en el taylorismo, cuyos principios fundamentales eran la optimización de los plazos de producción, la dirección para funciones, la mejora de los métodos de montaje y la división del trabajo en pequeñas operaciones repetitivas y alienantes, el llamado sistema de «cadena de montaje».

Ya en aquellos tiempos el empresario entiende que el modelo fordista no está del todo cerca de sus valores, de hecho siempre ha considerado a los trabajadores ante todo seres humanos más que factores de producción.

Adriano Olivetti realiza posteriormente también el proyecto que lleva en 1932 a la creación de la primera máquina de escribir portátil, la famosa MP1: al final del mismo año también es nombrado Director General y en 1938 se convierte en Presidente de la misma empresa, sustituyendo a su padre.

Sucesivamente el empresario gana varias primas y honores y su figura sigue haciendo crecer la empresa: de hecho se ponen en el mercado alrededor de los años 50 de los productos considerados hoy en día como objetos de diseño, es decir, la calculadora Divisumma 24 y la máquina de escribir portátil Carta 22, más tarde designada por un jurado experto como el primero entre cien mejores productos de los últimos cien años.

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Durante la  Segunda Guerra Mundial y al final de la misma la actividad de Adriano Olivetti no se detiene: funda la NEI, una casa editorial que publica varios trabajos culturales importantes de sociología y filosofía, dando a conocer en Italia a excelentes autores de vanguardia. Otro producto destacado de Olivetti producido a continuación es el Programa 101, considerado hoy en día el primero personal computer en el mundo.

La visión moderna del trabajo

Adriano Olivetti es conocido no sólo por haber fundado la famosa empresa sino también por su modernidad relativa a la organización de la empresa. En efecto, busca métodos alternativos a la automatización del trabajo y asigna tareas diversificadas a cada trabajador: el trabajo se basa en las llamadas UME, es decir, Unidades de Montaje integradas.

Según esta visión moderna se crean pequeñas unidades de obreros responsables de la producción de máquinas enteras o partes de ellas: cada grupo controla la calidad de su producto antes de enviarlo al siguiente grupo de trabajo.

Pero no es todo: Olivetti es uno de los primeros en reducir el tiempo de trabajo de 48 horas a 45 semanales sin reducir el salario, anticipando de hecho lo que serían en los años siguientes las demandas de los sindicatos.


Además, se interesó especialmente por la vida de los obreros y de sus familias: creó una biblioteca abierta también durante el horario de trabajo accesible a los obreros y pensó en el bienestar de las obreras, de las esposas de los empleados y de los niños.

Fijó el período de embarazo en nueve meses y medio, superior al establecido por la ley, con el salario igual al 80% del salario: instituyó un consultorio prenatal y pediátrico que ayudaba a las madres tanto con contribuciones como en la dispensación de medicamentos y exámenes médicos especializados.


En 1957, los hijos de los empleados fueron vacunados contra la polio, mucho antes de que la vacuna fuera obligatoria.

La cultura del éxito de Olivetti

Además de las ya citadas acciones moderniísimas puestas en marcha por Adriano Olivetti, también se realizaron un guardería y un preescolar destinado a los hijos de los obreros: además él mismo se encargó de financiar la construcción de guarderías públicas y pagar incluso parte de las rectas del post escolar municipal de Ivrea.

El conocido empresario también se ocupó de la formación técnica de sus empleados: realizó el Centro de formación mecánica, una especie de aprendizaje abierto también a personal externo, en el que se hacían clases de cultura general, arte, visita a fábricas y exposiciones y museos.

Sucesivamente el centro fue acompañado por un Instituto reconocido por el Estado y los diplomados con frecuencia eran contratados por la propia Olivetti. Adriano Olivetti elaboró también el «Principio de las terne»: él sostenía que para cada persona contratada para trabajar en el campo técnico había la necesidad de contratar también a otros dos empleados, de los cuales uno con una formación humanista y otro con una formación económico-legal.

Olivetti fue uno de los primeros que comprendió cómo combinar el aspecto económico con el humano y cultural, fundando una empresa destinada a ser recordada durante mucho tiempo.

Terminamos con una frase del mismo Olivetti: «La fábrica fue concebida a la medida del hombre para que éste encontrara en su ordenado puesto de trabajo un instrumento de rescate y no un dispositivo de sufrimiento.

Foto de Portada: Fondazione Adriano Olivetti

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