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Los alimentos del futuro: insectos, algas y medusas

 

Aperitivo de saltamontes, sopa de algas y, como segundo, una hamburguesa artificial a la parrilla. ¿No te lo crees? Según estimaciones de las Naciones Unidas, para alimentar a 2 millones y medio de personas que según algunas previsiones poblaran la Tierra en 2050, se tendrá que doblar la producción de alimentos del mundo, reducir los residuos y experimentar con alimentos «alternativos». La revolución ya ha comenzado, como lo demuestra el creciente interés de los cocineros, científicos y nutricionistas occidentales en una dieta a base de algas, medusas e insectos.

Quien ha activado el centro de atención en la nutrición alternativa que nos espera en el futuro fue la CNR, en una conferencia en 2015 organizada en conjunto con la FAO en el Open Plaza-Expo Center. La conferencia titulada “Research, sustainability and innovation in new foods” ha explorado los nuevos escenarios de suministro global para encontrar soluciones aplicables a gran escala y de bajo impacto. Parece que los platos a base de insectos, algas y medusas son una fuente de nutrientes económicos y sostenibles, capaz de detener la tragedia del hambre en el mundo, apoyando a las generaciones futuras sin aumentar la huella de suministro global. Ricos en proteínas, minerales y vitaminas, entre los insectos comestibles más populares son langostas, saltamontes y grillos, fáciles de coger y con un sabor que va bien con todo. Otro posible futuro alimento son las medusas. Según los expertos, de hecho, estas podrían fácilmente volverse de «problema para nuestros mares»  a un gran recurso para la población.

Investigaciones recientes han demostrado las propiedades contra el cáncer de moléculas extraídas en la medusa del Mediterráneo, sustancias que han demostrado ser eficaces en la lucha contra las células cancerosas, especialmente en el cáncer de mama. Así pues, en pocos años la biotecnología permitirá incluso crear «carne artificial», haciéndola crecer en el laboratorio a partir de células madre extraídas de los músculos de los animales.

Para los veganos, y para aquellos que rechazan la idea de comer insectos y carne cultivadas en un laboratorio, una alternativa adicional está representada por algas, más específicamente de algunas microalgas. El ejemplo más conocido es la espirulina, rica en proteínas y aminoácidos esenciales, pero también rica en vitaminas y antioxidantes.

Los nutricionistas y chefs occidentales tienen, por lo tanto, un papel importante en esta revolución de la comida extraña, ya que tendrán que desarrollar dietas y sabrosas recetas con nuevos ingredientes. Uno de los objetivos alcanzados ha sido gracias a un investigador italiano, el cual creó barras energéticas hechas con insectos y larvas muy sanas y nutritivas.

 

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