
Cinco años más tarde, Antonio Sant’Elia escribió El Manifiesto de la Arquitectura futurista en ocho puntos principales en el que enumeraba las bases de una «Italia en evolución», en el que subrayó que la belleza y la funcionalidad de la nación debían ser mejorados. Fue en 1915 cuando Giacomo Balla y Fortunato de Per añadieron la estética -no únicamente aplicada a todos los aspectos de la vida, sino también a los muebles y al diseño del hogar -firmando El Manifiesto de la Reconstrucción futurista del universo. En 1992 surgió otro movimiento artístico esencial para el diseño italiano: el Novecento italiano, un movimiento artístico en el que se creó el arte para la propaganda de Mussolini, dirigido por el crítico de arte Margherita Sarfatti: desde la pintura a la tendencia pasando sobre el diseño de interiores y mobiliario, dando un sentido de orden al diseño y a la filosofía artística. De este movimiento destacan el equilibrio y la pureza en las formas y un agudo contraste con la vanguardia, especialmente con el futurismo. Gio Ponti fue sin duda uno de los grandes protagonistas de este movimiento gracias a su creatividad, lo que le valió la fama por su brillante visión y habilidades multidisciplinares.

Entre 1927 y 1930, la tercera Bienal de Monza y la cuarta Trienal marcan la llegada de la modernidad en el diseño del mobiliario Made in italy. El estilo rústico se aleja del marco tradicional y se convierte en primer protagonista de la industria del mueble y del diseño italiano; de aquí nacen las primeras marcas de muebles convirtiéndose en reales iconos del Belpaese. En particular, Domus Nova, con una línea de muebles diseñados – por Gio Pointi y Emilio Lancia- accesibles para todos: sencillos pero refinados. En 1993, se lleva a cabo el quinto Triennale de Milán, en el Palazzo dell’Arte en el parque Sempione de Milán. Entre las empresas líderes de la época, Olivietti se convirtió en la fuerza motriz de diseño Made in Italy, marcando el inicio de una relación entre dos culturas, donde arquitectos y artistas, en colaboración con los departamentos técnicos comenzaron a embarcarse en un viaje de experimentación con materiales innovadores y un nuevo concepto de mobiliario.

En 1936, la estética racionalista pasó de la arquitectura al mobiliario permaneciendo, sin embargo, un estilo tradicional. De hecho, es en este momento de la historia que, la palabra «stile» comenzó a ser utilizada y, a su vez, se hace popular la idea de la producción en serie de muebles. La madera se convirtió en obsoleta a favor de nuevos materiales como tubos de cromo, aleaciones de aluminio y vidrio. Muebles y objetos se convirtieron en un gran interés entre los consumidores de todas las clases sociales entre los años 1950 y 1960. Diseñadores y empresas estaban preparados para toda clase de innovación y, de este modo, el Design italiano se consolidó haciéndose famoso en todo el mundo.

Bruno Munari fue otro gran protagonista de diseño italiano, famoso por crear el logotipo de Campari. También diseñó la máquina de café Pavoni en colaboración con Enzo Mari, que junto con el Piaggio Vespa, el Fiat 600 y la calculadora Olivietti, rápidamente se convirtieron en los iconos más importantes de Italia. Incluso la iluminación se hizo importante durante este tiempo, cuando los elementos tales como la lámpara de embudo, diseñada en 1953 y construida por Luigi Caccia, se hizo famoso en todo el mundo. En 1956, la empresa Rimadesio, famoso por sus puertas de alta calidad, se estable en Italia.

En 1961, se lleva a cabo Salone del Mobile de Milán convirtiéndose en punto de referencia para diseñadores y arquitectos de todo el mundo. El más grande en su campo, con 201.000 metros cuadrados, 2.010 expositores y más de 350.000 visitantes anuales. Coincidiendo con esta primera exposición, la revista Abitare (es decir, habitar), nació. Pensada para un público cosmopolita, pero con gusto italiano aprobado por el Belpaese, hoy Abitare representa una de las revistas más prestigiosas e influyentes en el campo de la arquitectura y del diseño.


