
Esta tragedia, escrita por Shakespeare, tiene en realidad orígenes muy antiguos que no reconducen a la Grecia antigua. Es mencionada en muchas óperas, entre ellas la divina comedia, hasta el punto de dar detalles tan exactos como el nombre de las familias, la ciudad e, incluso, el palacio donde vivía Julieta con precisión. Este último aspecto es particularmente importante, dado que es allí dónde Romeo escala para llegar hasta el balcón de su amor en una noche particularmente romántica, clave de toda la historia. Solo hay un problema: todo esto es solamente un invento. Aunque es verdad que en Verona vivían dos familias con el mismo nombre de la historia, no hay pruebas históricas de que existiera una historia de amor en ambas familias. De hecho, la familia Cappelleti (y no ‘Capuleti’) gestionaron una farmacia y un hospicio en el presunto palacio donde vivía Julieta – que entre otras cosas no ha tenido balcón hasta 1938. En efecto, fue ese año en que el edificio se restauró como un vestíbulo de teatro y, el arquitecto Antonio Avena, quiso reproducir el escenario de la famosa película de George Cukor de 1936, a su vez inpirada en una pintura de Hayez. “El palacio de Julieta”, con el balcón situado en pequeño patio interno, se convirtió rápidamente en una atracción turística visitada por persona provenientes de todo el mundo – muchas veces con el objetivo de jurarse amor en un paraje romántico – y aún hoy lo es. Actualmente, se puede alquilas el balcón para fotos de boda, pero la mejor parte de la visita (gratuita) es seguramente la lectura de miles de cartas de amor, grafitis y pequeñas obras de arte dejadas por visitante enamorados a lo largo de todo el camino que conduce hacia el patio. Aparentemente el amor lo conquista todo, aunque solamente sea un escenario cinematográfico.
