
La fiesta de los muertos, o más formalmente conocida como la Conmemoración de los difuntos, es ante todo un ritual católico en que los vivos rezan por las almas impuras de sus parientes muertos, de modo que sean perdonados por sus pecados y puedan entrar en el Reino de los Cielos. Aunque si técnicamente no es una fiesta civil, la mayor parte de los italianos la tratan como tal. La gente tradicionalmente aprovecha este día para visitar las tumbas de sus difuntos.
La celebración fue oficialmente instituida en el siglo X pero, como suele suceder con el catolicismo, es solamente una evolución de rituales paganos precedentes, muchas veces centrados en impedir a los muertos de invadir el mundo de los vivos.
En los tiempos antiguos esto se traducía en sacrificios para los muertos; siglo tras siglo los sacrificios cambiaron hasta centrarse en la comida.
El punto clave de a celebración siciliana es el cannistru, una cesta llena de dulces como los de la foto y muchos otros más. Los más característicos son probablemente los pupi de azúcar, delicadas figuras que representan personajes de leyenda populares clásicas. Por otro lado, más comunes en el resto de Italia, son los ‘Ossa dei Morti’ (lit. Huesos de los muertos), que son simplemente galletas en forma de hueso algunas veces con un toque de especia.
Algunas provincias italianas mantienen aún en vida las tradiciones más antiguas con ofrendas de verdaderas a los espíritus de los muertos. Estas pueden ser sencillas como, por ejemplo, dejar un vaso de agua todas la noche para los difuntos sedientos o, más generosas, como un baquete completo. Otros optan por dejar una vela encendida delante de una ventana para que puedan encontrar el camino hacia el más allá.
