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Descubriendo el Naviglio a través de la ruta en bici del canal Martesana

 

Sin duda la ciudad del Belpaese más europea e internacional, Milán oculta o muestra sus muchas maravillas, logrando siempre sorprender, golpear donde menos te lo esperas en un desequilibrio continuo y fascinante entre lo antiguo y lo nuevo. Entre los muchos tesoros milaneses, los canales son sin duda uno de los más populares y queridos, incluso por los propios residentes y, como ha sido desde hace siglos, son la verdadera alma de la ciudad, cuyo origen está vinculado al genio inmortal de Leonardo da Vinci.

Entre ellos, el Canal Martesana, nacido de un proyecto en 1443 por algunos de los ciudadanos más ilustres de la época. La idea era desviar las aguas del Adda para crear una vía que permitiría el transporte de mercancías y facilitara el riego. Llamado así por el territorio que atravesaba su curso (y también conocido como Naviglio Piccolo), el canal fluye desde Trezzo a Milán con una longitud total de 38 km. El recorrido transcuye a lo largo del canal por la antigua calzada romana que sigue l’Adda, pasando por las localidades de Trezzo, Vaprio, Cassano, Inzago, Bellinzago Lombardo, Gessate, Gorgonzola, Bussero, Cassina de’ Pecchi, Cernusco sul Naviglio, Vimodrone y Cologno Monzese. Este antiguo camino serpentea sobre el carril bici de Martesana, una pista casi completamente plana construida en los años 90 y adecuada a cualquier tipo de bicicleta, que parte de la Via Melchiorre Gioia en Milán y se extiende por 30 km a través de todas las ubicaciones mencionadas anteriormente, siguiendo el curso del Naviglio (vía acuática) del cual toma nombre.

 

Durante este viaje bucólico rodeado de vegetación, se puede disfrutar de las vistas relajantes sobre dos ruedas, encontrando muchos rincones de gran valor histórico y ambiental a lo largo de la caminata. Entre ellas se encuentran numerosas villas de lujo construidos en 1600 en la orilla izquierda del Naviglio de las familias más nobles de Milán, cerca de Cernusco. Posteriormente se pasa por  Gorgonzola, que aún conserva el antiguo muelle, algunos lavaderos de la época y una casa-puente de madera muy especial. A continuación, se recomienda llegar hasta Groppello d’Adda para admirar la rueda de madera del antiguo molino de agua reconstruida por primera vez en 1989 y luego en 2009, siguiendo los planos de la original de 1618. Sin olvidar el Castillo de Cassano d’Adda, que se remonta al 1800 y disputado en la época medieval entre Guelfi y Ghibellini. O Villaggio Crespi, una pequeña ciudad construida por el empresario Crespi para sus trabajadores de la fábrica de algodón: un proyecto original que, además de viviendas, incluye un jardín, un huerto y una serie de servicios que se anticiparon a las protecciones estatales y que fueron incorporadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estas son solamente algunas de las muchas maravillas visibles siguiendo el curso del antiguo canal, lleno de una arquitectura impresionante y exuberante vegetación, un lugar ideal para un día de relax lejos del estrés y el ajetreo de la metrópolis. ¡No lo dudéis, visitadla!

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