
La galería fue fundada por un proyecto de requalificación ciudadana de Cosimo I de Medici, joven caballero de la Toscana, que después de trasladarse en 1540 al Palazzo Vecchio, la sede del gobierno, ordenó la construcción del edificio que albergaría los departamentos gubernamentales más importantes. Este edificio fue el Uffizi (oficinas). Para cuidar de su construcción fue el pintor y arquitecto Giorgio Vasari, que comenzó a trabajar en 1560. A esta pareja de señor y arquitecto, se les unieron tiempo después el Gran Duque Francesco I y Bernardo Buontalenti, los cuales junto con Alfonso París realizaron la fábrica de los Uffizi. Francisco I decidió dedicar el último piso de las oficinas a la galería, donde serían puestos antiguas estatuas y retratos de la familia Medici y hombres famosos.


Obras maestras que rinden tributo al arte italiano y no sólo, de hecho, en 1565 Vasari construyó un pasillo (el llamado Corredor de Vasari) con la función de vincular las oficinas de los Medici con la actual Galería y el Palacio Pitti, en aquel momento residencia de la misma familia, a través de Ponte Vecchio, y decoró las paredes con obras de Guido Reni, los Carracci y Artemisia Gentileschi. La presencia de importantes colecciones de alemanes, holandeses y flamencos, como Dürer, Rembrandt, Rubens, Van Dyck y Velázquez y la famosa colección de autorretratos de artistas que otorgan aún más valor a este lugar ya de por sí encantador.

Esta estructura de innovativa naturaleza arquitectónica aparece como un entorno de paso suspendido; un kilómetro de longitud bastante estrecho que sorprende por su vista panorámica al río Arno y a la Iglesia de Santa Felicita. Artista predilecto de los Medici y figura clave de las iniciativas promovidas por la familia florentina, con los Uffizi Giorgio Vasari ha dejado una huella indeleble de su versatilidad artística y no hace falta decir que la visita a la galería es una parada obligatoria para aquellos que deseen conocer la ciudad toscana y la riqueza del patrimonio italiano.
